lunes, 25 de abril de 2016

Aún no ha llegado la gran revolución


Aún no ha llegado la gran revolución. Estamos esperándola.
No ha llegado porque nosotros no hemos cambiado.
Por Luis C. García Correa
¿Qué tenemos que hacer para cambiar? Algo muy sencillo: ser honestos y participar con amor.
Los egoísmos, el materialismo, individualismos…  Tenemos que eliminar de nuestro comportamiento todos esos -ismos. No es tan difícil conseguirlo: solo es cuestión de tener valores.
Naturalmente, quien convierte el dinero y el poder en sus únicos valores no tiene la menor oportunidad de contribuir al bien del cambio: ¡a la gran revolución!
La gran revolución es, como todo lo grande y beneficioso, sencillo, claro y evidente: comportarnos como buenos hermanos.
Han pasado miles de años y aún somos enemigos.
Nacimos como hermanos y vivimos como enemigos. Algunos son enemigos hasta la muerte.
¿Qué podemos hacer? Lo más fácil, lo que está al alcance de toda la humanidad: amar. Si lo hacemos con pasión, acercaremos la gran revolución, ampliándola a la plena felicidad en la plena libertad.
El odio, el rencor, la mala educación, la envidia ... anulan, desvirtúan y eliminan la gran revolución, porque no son solidarios con el amor.
Todo lo grande en el ser humano es sencillo, fácil y se puede poner en práctica inmediatamente. Solo se necesita la honesta participación.
¿Por qué la honesta participación es algo tan olvidado y tan difícil de ser y de realizar?
“Aún no ha llegado la gran revolución” ¿Qué cuota de responsabilidad tiene usted? ¿Qué cuota tengo yo?
Por favor, no dejemos de ser honestos. Así contribuiremos a la gran revolución.
Usted, yo, el vecino y el mundo entero esperamos la gran revolución.
¿Cuándo empezamos?
Empecemos ya, sin esperar al vecino, que ya llegará convencido.
Todos haremos la gran revolución del amor al vivir como buenos hermanos por la bendita hermandad de la honesta participación.
La gran revolución es amarnos como hermanos.

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