domingo, 24 de abril de 2016

Diario de un cura: El derrumbe de Ecuador

Por Jesús Vega Mesa
Comparto con ustedes algunas hojas de mi Diario. Son páginas en donde cabe todo lo que un cura de pueblo vive y sueña. Lo que te hace sonreír o llorar. Como a cualquier ciudadano. Cada día abro la agenda para recordar las tareas e intentar que la memoria no me juegue ninguna mala pasada. Como aquel día que olvidé la boda de unos feligreses. Afortunadamente, eran amigos y perdonaron mi olvido. No suele ocurrir que uno se olvide, pero hay que estar precavido. Porque los días suelen venir cargados de reuniones, visitas, diálogos personales, preparación de homilías y otras celebraciones. Aunque muchos siguen pensando que la tarea del cura consiste sólo en decir misa. Como aquellos que te decían que lo de cura es el trabajo más agradable: Trabajas sólo media hora al día. Y encima, con vino. 

Chistes aparte, es verdad que es un trabajo agradable. Como todo aquello que se hace cuando se tiene vocación, se hace con gusto. Pero el trabajo es mucho más. Hay que meterse en la piel de la gente, solidarizarse con el sufrimiento de las familias que acuden a Cáritas, adaptarse al lenguaje de los niños, intentar transmitir adecuadamente el mensaje cristiano, animar la fe y ser crítico con uno mismo para no dejarse llevar de la rutina ni aburrir a quienes habitualmente participan en la eucaristía o los encuentros. Es agradable, pero muchas veces difícil y costoso.

En estos días, al acercarse ya las fechas de la primera comunión, toca confesar a los niños. En mi parroquia fueron el pasado martes. Te ríes con ellos, te diviertes con sus expresiones, su sinceridad y sus nervios por tener que contar algunas de sus travesuras. Y disfrutas viendo cómo los chiquillos empiezan a valorar la honradez, el respeto o el perdón. Y cómo se inician en el camino de la oración y el camino de la verdad.

Pero un párroco, como cualquier otro cristiano, tiene que huir del parroquialismo que nos impide levantar la vista y ver otras realidades y otras tareas.

En estos días, la mirada ha estado puesta en dos países: Ucrania y Ecuador. Este fin de semana la colecta de todas las misas, por iniciativa del Papa Francisco, irá destinada a echar una mano a Ucrania que está sufriendo la violencia con varios miles de muertes. Es una colecta especial que se hará en todas las Iglesias de Europa.

Y también está Ecuador. Ecuador sufrió un fuerte terremoto el sábado pasado. Como todos hemos podido conocer por la Prensa y medios audiovisuales, hay centenares de personas fallecidas y miles de familias que se han quedado sin vivienda y sin nada. También la Iglesia ha reaccionado con prontitud. Y esta vez, a través de Cáritas. En nuestra Cáritas Diocesana se ha abierto una cuenta con 10.000 euros y se espera que esta cantidad se multiplique con las aportaciones de los ciudadanos y otras instituciones. Ya algunas parroquias, como en el Sureste de Gran Canaria, han acordado dedicar la colecta del primer domingo de mayo a colaborar con Cáritas Ecuador. Una excelente iniciativa.

Hoy mi Diario se centra en el derrumbe de Ecuador

Pero no se derrumba la esperanza en la solidaridad de nuestra gente.

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