viernes, 5 de julio de 2013

La Mentira


Por Luis C García Correa y Gómez
La mentira hace daño. También al que la dice.
La mentira distorsiona, desdibuja la realidad.
Quien miente se queda con una sensación amarga. Incluso el mentiroso compulsivo.
La mentira deja huellas en quien engaña y en quien es engañado.
La mentira degrada al mentiroso y desorienta al honesto.
¿Por qué mentimos?
Para justificarnos, para quedar bien, para imponer un criterio, para engañar con la finalidad de salirnos con la nuestra, para obtener algún beneficio (...).
Nunca hay justificación para la mentira. Tampoco para tolerarla. El daño puede llegar a ser irreversible.
No creo que el mentiroso se sienta satisfecho de sus mentiras. Me parece imposible.
Si creo, por el contrario, que tiene que sentir remordimiento, pena y hasta angustia, porque nunca consigue nada bueno.
Decir la verdad es un don de los justos, de los honestos. De los que aman al ser humano y se respetan a si mismos.
Mentir es sinónimo de cobardía. No se tiene la valentía de decir la verdad.
Hay quien miente con minúsculas. Por ejemplo el que quiere justificar o realzar un hecho con una mentirilla. Pero esta persona tiene que aprender a dejar de mentir, porque el siguiente paso es convertirse en un mentiroso con mayúsculas, con todas sus implicaciones y consecuencias.
Incluso los hay que mienten para enfatizar un hecho, para resaltar su importancia.
Todos, los minúsculos y los mayúsculos, no dejan de ser mentirosos, desafortunadamente.
¿Cuánto daño hace y reparte el mentiroso? Lo más preocupante es que la mayor parte de las veces no tiene ninguna necesidad de mentir.
“La verdad os hará libres”
Es necesario ayudar al mentiroso a que deje de serlo. Que sea lo que somos, y debemos ser, los maravillosos, felices y libres seres humanos: honestos.
La honestidad supera y anula cualquier acto o persona mentirosa.
Intentar hacer ver a los mentirosos el error en que se encuentran y el daño que causan, y se causan, sin ninguna necesidad. ¡Que se acepten como son, no como les gustaría ser!
¡Dichoso y bienaventurado aquella, aquel que consigue convencer a un mentiroso y deje de serlo!
¡Qué triste es, y qué tristeza deja el mentiroso! Y sin necesidad.
Roguemos porque los mentirosos dejen de serlo, y se unan a los honestos, haciendo que la convivencia sea algo maravilloso, se desarrollo en el amor verdadero y sincero, y nos podamos querer como hermanos, y no como primos.

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