martes, 2 de julio de 2013

Reitero la obligación de participar

Por: Luis C. García Correa y Gómez
El 13 de septiembre de 2012 dije: “Toda persona, sana y con tiempo disponible, tiene la ineludible obligación de participar para promover el bien de la comunidad”. Ahora lo ratifico e insisto en que busquemos y hagamos algo por la comunidad.
Cada uno conoce, perfectamente, el tiempo de que dispone y los conocimientos que posee. De acuerdo a ellos tiene la obligación –no devoción – de trabajar diaria, semanal o mensualmente en algo que beneficie a la comunidad.
Parto del principio de que la comunidad SOMOS TODOS.
El poder que tenemos es de tal magnitud, que no existe quien lo pueda detener. Somos nosotros los que lo detenemos y hacemos que no tenga valor.
El pasotismo e individualismo cooperan, directamente, a proteger esa inactividad colectiva, que nos está llevando a la ruina como sociedad, apoyando, con enorme efectividad, al poder económico perverso, de quienes somos sus esclavos.
De usted, de mi, de todo sano viviente depende el cambio para que haya un mundo mejor, que es el que nos merecemos, y para el que hemos nacido. ¡Ay de aquel que dice que no van con él! ¡Que eso es de otros! ¡Qué puedo hacer yo sólo! Queriendo justificar su inactividad en el bien de sí mismo y de la comunidad.
Hay quien barrerá la acera. Otra/o ayudará a enseñar su profesión. Otra/o a informar la forma correcta de hacer un escrito de reclamación. Otro/a … en resumen, otra/o ayudando y ayudándose con su trabajo diario, semanal etc., por el bien de los demás.
Después de Dios y la familia están los amigos y la comunidad.
Quien desoiga y no atienda las necesidades que hoy tan gravemente tenemos, -que reclaman su necesaria e imprescindible aportación personal– debería ser reo de rechazo social, y hasta familiar.
Creo ciegamente y amo apasionadamente al ser humano. Sus bondades y posibilidades son casi infinitas. Sólo hay un condicionante: darse.
Darse engrandece el alma, elimina el mal, desarrolla el bien, aumenta y fortalece la libertad.
El egoísmo altera el progreso, reduce la felicidad y anula la libertad. No hay felicidad completa sin libertad. No hay disculpas para no participar -en la medida de cada uno- al bien de la comunidad, que es mi propio bien.
Sin una comunidad querida y libre, anatema venga al egoísta.
Reitero que tenga el rechazo social, hasta el familiar. Y esto sólo por el deseo de que reaccione, jamás por venganza.
Bendiciones y alabanzas a toda/o quien coopere al bien de los demás, y sin pedir nada a cambio. Se le tenga como ejemplo y brille para ella o él el resplandor de la gratitud y del agradecimiento eterno, de tal forma, que lo hereden sus hijos.
Ahora le toca a usted, para hacer juntos lo necesario, y que podamos ser felices y libres. Gracias por ello y que Padre Dios le bendiga.

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