lunes, 7 de octubre de 2013

Desde Tenoya a Tamaraceite llegando por San Lorenzo. Capítulo I

Por: Tino Torón
Aconsejado por el comentario hecho en esta página por Sergio Naranjo en el artículo anterior (Un pasar por Tamaraceite” y reflexionando con lo largo de mis relatos, he decidido hacerlo por capítulos:   
      Con la intención de volver a pisar en los recuerdos los pasos que hacíamos a pie entre los tres Pueblos, Tamaraceite a solo tres kilómetros un poco mas y San Lorenzo unos cuatro aproximadamente, lo que los Tenoyeros teníamos que andar unos  ocho Km. para llegar al cementerio. Los traslados los hacíamos unos por motivos de trabajos, otros por ahorrarse las pesetas del viaje, por ir al cine, al fútbol, a visitar las novias (muchos casados en ambos Pueblos), a otras gestiones de Juzgados e incluso a la Farmacia, en mis tiempos de Don Vicente.
     El Pueblo de San Lorenzo, menos transitado por su situación geográfica, pero siempre metido en mi mente, posiblemente porque en casa de mis abuelos paternos se hablaba del Municipio de San Lorenzo ya que mi abuelo Julián había hecho las veces de Alcalde. De dicho Pueblo admiro el atrayente palmeral y arbolada de la plaza, de su panorama, al pasar bordeado en parte por el cauce del barranco brotando el encañizado verdor en las orillas recordando el pilar que daba a un extremo  y la fuente del parque  de la Iglesia, dos símbolos etnográficos e históricos del lugar hoy desaparecidos. El lugar me hace recordar la bella estampa postal de un belén viviente con su tipismo de casas centenarias y atrayentes calles que acurrucan el entorno. Al lugar acudían a las fiestas en mi época todo Tamaraceite,  llegando a oír que las fiestas eran de Tamaraceiteros, allí nos dábamos sita un grupo de jóvenes de Tenoya recordando los chiringuitos  y juegos de la época bajo luces tímidas, hoy día han dejado las fiestas entre los vecinos del Pueblo lo que pasa en los demás lugares, sin embargo los pregones y fuegos, estos conocidos en todas las islas, popularizan el lugar.
     Cuento cuando era jovencillo de ir en una camioneta a la cantera de cantos amarillos de San Lorenzo con un vecino y sus hijos y bajar la pendiente, huellas que aun quedan. Después de más grande y con más uso de razón me daba cuenta de la peligrosidad y atrevimientos de aquella época.  
      Haciendo comentarios con tertulianos de Tamaraceite proponía la idea de hacer un arco con esos cantos en el límite entre los dos Pueblos, por un lado rotulado bienvenidos al Pueblo de San Lorenzo y por el otro, bienvenidos al P. de Tamaraceite.  
     Como he dicho por su situación mis visitas eran por motivos, desde la época de mi padre pasando por delante del pilar siguiendo barranco abajo a una finca de un conocido donde estaba un mayordomo de mi Pueblo del que oí decir las grandes ferias de ganado que se hacían  en el Pueblo y por los entierros camino de San Lorenzo hasta el 26 de Septiembre de 1954, que fue el primer entierro de Panchita Guerra, mujer que vendía chochos y golosinas pegado a la Sociedad Atlético Tenoya.
      Aunque la bendición  fue el 23 de Marzo del 52, siguiendo con trabajos y trámites.
      En una ocasión el Párroco y artífice del cementerio Don Florencio Rodríguez Artiles, planteó enterrar de forma clandestina a un hijo de Tenoya conocido por Blagila que había fallecido por accidente en su mismo camión en la recta Los Tarahales y que tenía una panadería en su Pueblo.
     Al llegar el entierro de Las Palmas al cruce de San Lorenzo, el cura quiso desviar el entierro hacia Tenoya, forzando la situación, interviniendo la Guardia Civil que ya tenía información obligándolos a San Lorenzo y es que el cura al enterrar la primera persona quedaba ya autorizado evitando las presiones de impedimentos legales que estaba soportando.
     Antes de este acontecimiento se había planteado hacer un cementerio en la Cruz del Ovejero para Tenoya y Tamaraceite, evitando ese largo recorrido a pie y a hombros donde los hombres se disputaban el relevo bajo el sol y a veces las lluvias, que me han dicho que si el tiempo estaba muy malo lo llevaban en una camioneta, recordando ir, yo pequeño una vez con mi padre por la carretera, ( antes se hacia por el Camino Viejo y desde Casa Ayala la distancia mas larga de unos 12 Km, mas las horas de ida y vuelta lo que suponía que los jornaleros perdieran media jornada, mas pagar el carruaje siendo este un Pueblo pobre), quedándose grabado el atravesar el túnel bajo esa carpa negra enlutada en forma de nicho perforado y esos dos ojos claros, encendidos de luz por el día y por las noches por la tímida luz de la luna, los hombres vestidos de negro o ropas oscuras, muchos con sombreros que se quitaban al entrar en el cementerio y paraguas negros, también me llamó la atención las conversaciones en baja voz y el ruido de los zapatos nuevos usados para estas ocasiones, en una estela que caminaba a pasos lentos, entre tantos hombres solo miraba al suelo, recordando las visitas del día de los difuntos con mi abuela y tías, hoy los tenoyeros, con el tiempo hemos ido olvidando a nuestros antepasados enterrados en San Lorenzo, muchos se trajeron los restos para Tenoya llegando a ver entierros de niños saliendo de mi Pueblo en cajas blancas sostenidas en parihuela (llevadas entre cuatro o dos a manos sosteniendo los largueros a la altura de las caderas).

2 comentarios:

Sergio Naranjo dijo...

¡Muy bien, don Tino! ¿Usted ve? Esa es una manera de enterarse uno de la historia del Cementerio de Tenoya de la que yo no tenía ni idea, y que a pequeños capítulos se puede contar con más detalle.
Por cierto: ¿Se acuerda usted si había entierros de noche?

Tino Torón dijo...

Sergio Naranjo: Me haces una pregunta curiosa incluso a los lectores que como yo trataré de averiguar, tal vez alguien nos confirmen.
Muchos usos y costumbres han cambiado solo en lo que he vivido, desde duelos, traslados, enterramientos en tierra, lutos, hoy todo distinto.
Con la pregunta me has abierto el camino para un artículo.
Saludos y ha seguir colaborando