domingo, 29 de septiembre de 2013

Del otoño y sus sensaciones

El otoño deprime. Al menos es lo que piensa un 30% de la población, que dice sentirse apagada, apática e irritada en esta estación, presentando variaciones en el sueño, en las ganas de comer o en la temperatura corporal. Pero para los expertos no es nada nuevo, porque el síndrome afectivo estacional –como ellos lo denominan- es consecuencia de la alteración de los ritmos vitales causada por la escasa luz solar de esta época del año y la bajada de los termómetros tras un verano cálido y en plena forma. Pero no es preocupante, puesto que, generalmente, desaparece en cuanto el organismo se adapta a los cambios.
Lo cierto es que no en todos los lugares la estación se siente igual, y en este punto influye con irreverencia la presencia eterna del sol en zonas como Canarias y Andalucía. Y pensando sobre esto, he querido conocer las sensaciones que el otoño despierta en las personas del sur. He pedido a través de las redes sociales una descripción breve y concisa sobre su influencia en la vida.
«Me encanta el otoño, resucito», dice una malagueña. «El verano me agota». Una grancanaria, en cambio, alude «a una sensación melancólica, triste y de nostalgia debida a la poca alegría de esta época». Para otros, sencillamente, el otoño no existe en Canarias. «Aquí continua el verano, al menos de momento. Ya noviembre será más triste por el cambio de horario. En Madrid, por ejemplo, sí se nota. Caen las hojas y hace frío», describe un comentario. «Me encanta cómo se siente en mi ciudad, Las Palmas de Gran Canaria. Los días son cálidos, luce el sol, puedes pasear por la playa y el clima es fantástico». En la misma línea apunta otra lectora, diciendo que es una estación meramente figurativa. «Es una época de cambios, de reflexión y recogimiento. De preparación», apunta. El otoño es también una estación para románticos y enamorados de las hora bajas. Así, cuenta una seguidora, que el otoño «es sinónimo de abrazos cálidos» pues combina «el rojizo del verano con la brisa del invierno. Tiene un encanto especial», sentencia.
Está claro que para gustos, colores. Y el otoño tiene un abanico de matices para deleitar a muchos. Como cada estación, esta tiene un encanto escondido que va unido, sin lugar a dudas, a las experiencias personales que asociamos en el inconsciente a los diferentes momentos del año, y que influye en el modo de entenderlo. El fallecimiento de un familiar o un amigo, o el recuerdo de un momento feliz en nuestra vida, determina nuestra predisposición para afrontar los cambios repetidos y esperados a lo largo de los 365 días. Por ejemplo, si el otoño pasado nos cautivó el color de estos días, estaremos predispuestos a encontrar la alegría de nuevo. Aunque también podríamos temer las hojas secas por miedo a perder un alma gemela debajo de ellas, como ocurrió unos otoños atrás.

 

1 comentario:

Sergio Naranjo dijo...

Si te sirve mi definición del otoño:
Para mí es la mejor, aquella que empieza en el máximo calor, para acabar en el máximo frío, al menos yo sí lo noto porque vivir en Los Arbejales no es lo mismo que cuando vivía en San José del Álamo, Tamaraceite.
Es una estación de colores, de ansia por la lluvia, que se agradece en cada gota, de olores, de hojas, de árboles que caducan... todo se termina en Navidad, pero en una Navidad íntima, que ayuda a revivir...
Seguro que te suena esa música, ¿eh?
Nada hay para mí mejor que el otoño, lo espero el año entero: Justo todo aquello que se condensa, al final, en Adviento: Vino, viene, vendrá.
Un saludo.