domingo, 3 de marzo de 2013

Carta al Viento. El Papa que yo quiero.

Por: Jesús Vega Mesa

Se permite soñar. Tenemos por delante unos días en los que, cualquiera de nosotros, podemos subirnos a la nube y pensar esa Iglesia que siempre deseamos y ese Papa que nos gustaría votar. Está claro que no tenemos ni voz ni voto. Pero, mientras en el Iglesia haya sede vacante,  sí que podemos disfrutar de los sueños sin olvidar, claro, que el papa solo no es la Iglesia
El pasado 28 de febrero, cuando ya Benedicto XVI  se despedía,  decidí preguntar a un grupo de personas  cómo le gustaría que fuese el nuevo papa. Recibí unas cincuenta respuestas de hombres y mujeres de diferentes edades, creyentes y no creyentes.  No me caben aquí todas las respuestas pero les aseguro que una mayoría, empezando por Alicia del barrio de La Suerte en Tamaraceite,  coincide en desear un Papa sencillo, transparente, humilde, cercano al pueblo y con ideas nuevas.  Insisten casi todos en que debe tener una mentalidad joven y no desconectar de  la realidad. Patricia dice que debe poner a Jesús de Nazaret por delante de las normas y las tradiciones eclesiales. Y Soraya, desde Fuerteventura, sueña con un pastor que no imponga sus ideas  hasta ahora tan conservadoras. Pedro coincide: que sea sincero, no categórico. Josimar, de Tamaraceite,  reclama a alguien que  sea tolerante y no se oponga, por ejemplo, a la homosexualidad. Charina pide que sea un hombre con coraje y no le importe hacer majo y limpio contra la corrupción en la Iglesia.
            Algunos otros de los que me responden hacen referencias directas al evangelio. Por ejemplo Carmelo quiere un papa que pueda decir de sí lo mismo que el Nazareno: Soy camino, verdad y vida. Y Bernardo valoraría que no fuera un intelectual sino que haya sido un cura de pueblo y lea a Dios en la vida de la gente.
Hay otros encuestados que aprovechan para exigir un cambio más radical, como Juan A. que quiere que luche por una Iglesia con menos ostentación. Y otros que piden  que sea “uno de los nuestros”, que transmita paz, que sea cómplice con los jóvenes que hable sin demasiados tecnicismos y  que sea un buen creyente.
Por último, hay un grupo de mis encuestados que piden un hombre valiente y cambie las estructuras de la Iglesia para que sea más democrática. O que sea alegre, que anime y entusiasme. Que escuche menos a los cardenales y mucho más al Espíritu.
            Sin embargo algunos me han comentado que les cuesta mucho soñar con una Iglesia diferente. Les cuesta, no porque no la deseen, sino porque creen que es una utopía. Me pasa también a mí. Pero sigo soñándola. Porque ciertamente la Iglesia no es el papa ni los cardenales ni los curas. Hay muchísimos hombres y mujeres de Iglesia,  que tienen esos valores sugeridos para un nuevo papa.   Y me viene a la mente aquello que cantaba Labordeta: “También será posible que esa hermosa mañana ni tú ni yo ni el otro la lleguemos a ver; pero habrá que forzarla para que pueda ser”.
Aunque parezca imposible un papa con esos valores, no hay que dejar de soñar. Los cambios en la sociedad son muy lentos. Mucho más en la Iglesia. Y ahora que es tiempo de soñar y rezar para que la Iglesia tome el giro más conveniente, no perdamos la oportunidad. Yo no voy a votar ni mi opinión va a llegar a ningún sitio. Pero soñar…Soñar no me lo quita nadie. Seguiré deseando ese papa con el perfil que han dibujado mis amigos encuestados. No lo veremos, pero “habrá que forzarlo para que pueda ser”.  Ese es el papa que yo también quiero…ahora o desde que sea posible.

3 comentarios:

Sergio Naranjo dijo...

Aunque estas semanas ando muy liado y no he podido leer tu blog, desde luego yo estoy de acuerdo con tus encuestados.
Tanto con quienes lo quieren, eligiendo entre lo que hay, es que salga Maradiaga y no salga uno de esos gordos italianos;
como con quienes piensan que nada cambiará. Y no creo que lo haga. Los casos de corrupción sexual u otras perversidades que se achacan son demasiados para barrerlos de un escobazo, y además habrá que tener mucho tacto y muchas amistades.
Y qué decir de los casos económicos, donde el Estado Vaticano puede incluso ser acusado de todos los abusos que su teórico Maestro denunció.
Aquí el único que acabará perdiendo es el Espíritu Santo. Lo último que yo deseo...

Sergio Naranjo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Mi querido suso. Que gram sueño. §ueño que comparto y al que me uno. Pidamoz al espiritu para que se haga realidad
Un fuerte abrazo