sábado, 9 de marzo de 2013

Mi carta al nuevo Papa

Por: Sergio Naranjo
http://www.sergionaranjo.es

Disculpe que no me dirija a su Reverendísima, Ilustrísima y Eminentísima Excelencia por su nombre, tanto de príncipe de la Iglesia como de santo padre, romano pontífice, por cuanto a estas horas no sé cómo se llama usted, pero sí me atrevo a decir que sé quién es usted. Me sé disculpado por esta insolencia en la seguridad de que no va a leer esta carta, pero eso es algo que ni a usted ni a mí nos importa.
No puedo decir que sea cristiano viejo, pues aunque una parte de mi sangre procede nada menos que de los aledaños del mismísimo don Pelayo, allá en la noble Asturias, más de la mitad de mi caudal circulatorio resulta infecto de orígenes guanches y hasta bantúes. Pero sí alego haber sido cristiano en todos los estados imaginables hoy día, con excepción de la hipocresía, cuestión que sin duda nos diferencia a usted y sus compañeros de Capilla de este bruto nada noble que le escribe.
Empecé siendo un católico al uso de lo que mi madre me enseñó, y sepa, santidad, que ella sí merece la gloria celestial, no exenta de un purificador paso por el Purgatorio, que nadie en esta vida es santo, a no ser lo que vos se dignara señalar. Anoto en la cuenta de mi madre haber aprendido cuanto resultara de provecho para no caer en pecado, menos las cinco condiciones para una buena confesión, que don Calixto tuvo a bien enseñarme a reglazo puro, y mire si era efectivo que jamás se me ha vuelto a olvidar.
Después me hice preguntas, todo era cuestionable en los años Setenta, especialmente desde que murió aquel con quien su Estado tuvo un concordato vigente para beneficio mutuo. Efímero tiempo que oportunamente se aprestaron a aniquilar en cuanto hubo ocasión.
Tuve tiempos de verdadera experiencia mística, si bien desde su propia organización se me recordó con tanta frecuencia que mística y disciplina son incompatibles, que acabé en tierra de nadie, pululando los senderos de la vida, que en mi caso no fueron, cáspita, los caminos del Señor.
Guardo amigos de todas aquellas épocas, buena gente, pardiez; gente comprometida, aguerrida, sincera, leal, valiente, sabia, buena, recta. Incluso, mire, hasta muchos sacerdotes gustan en llamarse mis amigos. Y muchas personas que luchan a diario con las manos vacías frente a la injusticia, a la atrocidad del desenfreno material, a las consecuencias de esos negocios tan… ¿sucios, santidad? Lamentablemente, al Estado del que usted es Jefe yo lo tengo por contrario a los afanes de esa gente.
No obstante, le doy las gracias muy sinceramente. Para mi desgracia y horror, no he sido tocado con la Gracia de la Fe, si bien le reconozco que la Esperanza y la Caridad no me son ajenas. Pero el haberme hecho de cabeza cuadrada y mente abierta ha resultado positivo. Tanto es lo que me he preguntado, y tanta la Razón empleada, que al final no hay razones para que le crea, santidad. Disculpe si le digo que al lado del Nazareno no se come usted un higo; que me importa un pito que sea usted fulano o mengano; que no va a cambiar nada; que no va a castigar al violador, al corrupto; que no voy a entender en la vida que su autoridad se refiera a condenas que se cumplirán en la vida futura, para eso ya tengo las leyes españolas.
No soy quién para darle un consejo, faltaría más, pero déjeme que me haga a un lado, pase usted y llévese la paloma, que yo me quedo con el Espíritu. Le recuerdo que Aquel sigue siendo mi jefe, aunque el contrato esté a nombre de ustedes.

3 comentarios:

Antonio Domínguez Herrera dijo...

Me deja asmado el alcance psicológico intelectivo y la profundización filosófica. No me asombra menos que tu gran agudeza no dé un paso más y se sitúe en la credulidad o incredulidad absoluta.
Sabiendo que si existiera Dios; en su bondad infinita está totalmente imposibilitado para “meter mano” en la basura que es el hombre. No se puede admitir que se equivocó cuando lo creó y tuvo que rectificar con el rollo de la cruz. No enfermes de mente. Te quedan muchos años. “Te llamo al orden”. No te metas en el mundo de Unamuno (pobre diablo) en infierno existencial; en el horror de la creencia terrible que es el medio creer. Mi sugerencia; que no consejo es: cree del todo, o como yo, záfate de esa martingala. Antonio Domínguez que, si no fuera por el afecto se había callado la boca.

Anónimo dijo...

esperemos que sea un gran Papa te felicito

Sergio Naranjo dijo...

No es que te estés callado, Antonio. Es que tú, callado, no vales pa ná.
Así que sigue diciendo tus opiniones, que hace falta saberlas.
Y gracias por los consejos.