viernes, 8 de marzo de 2013

La virtud de la caridad

Por: Luis C. García Correa y Gómez
Con la ayuda de la gracia, los cristianos tenemos que descubrir a Dios en nuestro prójimo, porque todos somos hijos del mismo Padre y hermanos de Jesucristo. Esta es la señal distintiva de los creyentes. La virtud de la caridad nos acerca al prójimo. Es algo más que el trato humanitario: el humanitarismo, si se me permite la expresión. Es amar al prójimo. Y no de cualquier manera: "como Yo os he amado". Este amor a los demás se consigue y crece con la gracia. La caridad no excluye los amores legítimos de la tierra. Los tiene en cuenta y los sobrenaturaliza, los purifica y los hace más profundo y firmes. La educación, la cortesía, las normas elementales de convivencia … son elevadas a un orden superior por la caridad. La falta de caridad embota la inteligencia, en especial para el conocimiento de Dios y de la dignidad humana. Todas las obras son baldías sin la caridad, aún las que exigen mayor sacrificio. Incluso la virtud de la esperanza no da frutos sin la caridad. No hay sustituto a la caridad. Hoy deberíamos comprobar si tenemos detalles de servicio con quienes convivimos y trabajamos, si procuramos ser amables y educados, si damos paz y alegría, si ayudamos a los que nos rodean … O somos indiferentes. Si nuestra caridad la concretamos en obras en servicio a los demás. Según San Pablo, la caridad es paciente. La paciencia denota una gran fortaleza y es una virtud necesaria para la convivencia Intentar que nuestras palabras lleguen beneficiosamente al corazón de los demás. La caridad es benigna, siempre dispuesta a hacer el bien a todos. No es envidiosa. La envidia engendra pecados gruesos y de mal gusto. La envidia resquebraja la amistad entre amigos y la fraternidad entre hermanos. La caridad no obra con soberbia. No es jactanciosa. Sin humildad no puede existir ninguna virtud y menos el amor. El deseo de sobresalir es una de las faltas de caridad más frecuentes. El orgulloso no ve más allá de su persona, de sus cualidades, de sus virtudes, de su talento … Su horizonte es estrecho: no incluye a Dios ni a los demás. La caridad todo lo cree, todo lo espera y todo lo sufre. No busca lo suyo, lo que creemos debería ser nuestro La caridad no termina jamás y perdura eternamente. Sin la caridad no hay felicidad y menos la libertad. De nosotros depende y no del vecino. Seamos caritativos por amor a Dios y por amor a los hombres.

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