martes, 5 de marzo de 2013

La soberanía popular

Por: Luis C. García Correa y Gómez

No creo que la recuperación económica y social, la recuperación de la libertad, sea posible mientras no exista una soberanía popular auténtica.
Somos cómodos y conformistas. Hemos renunciado a ejercer nuestra potestad y se la hemos confiado a la clase  política y a los poderes económicos perversos.
Hemos consentido la corrupción. Y lo estamos pagando.
En nuestro país, una enorme masa de pasotas e individualistas contribuye, cotidiana y directamente, al fortalecimiento de los poderes mal ejercidos, porque no respetan los valores éticos o religiosos. Ésa es la verdadera causa de la crisis económica.
En mi opinión, hasta que el pueblo no participe de su propia vida e historia, ejerciendo la autoridad que le corresponde, los graves problemas del momento presente quedarán sin solución.
La crisis económica, la falta de trabajo y la deshonestidad se perpetuarán. Y con ellas, crecerá la pobreza personal, la pobreza social y la pobreza política.
El comportamiento responsable y exigente de la mayoría honesta es cada vez más necesario. No me cansaré de repetirlo. Es urgente que, por vía de hecho,imponga su comportamiento correcto en todos los órdenes de la existencia. Que la honestidad pro-activa sea norma de vida.
La  renuncia al ejercicio de la soberanía popular -cimiento del comportamiento democrático y libre- es lo que permite a la clase política y al poder económico perverso dominarnos y convertirnos en auténticos esclavos.
Nuestro poder original está tan desacreditado, tiene tan poco valor, que el poder perverso no sólo se ha hecho con la economía: también nos ha quitado la libertad.
Mientras no ejerzamos la soberanía popular, no habrá democracia real, ni tampoco libertad.
El único camino que conozco es que la mayoría honesta despierte. Que usted, yo y todos los demás vivamos de acuerdo a valores éticos o religiosos, con un comportamiento honesto y libre.
Restablezcamos nuestra autoridad (hagámosla valer) y habremos restablecido la democracia, la economía y la libertad. Sin ellas no hay felicidad.
La podredumbre de la corrupción, de la crisis económica, de la ausencia de valores éticos o religiosos que  ahoga la felicidad, personal y social, y la libertad, crece y se multiplica en un "humus" cuyo principal componente es la renuncia: dejaciones de derechos e incumplimiento de obligaciones. Entre estas últimas, la obligación de ejercer el poder y también la de pedir responsabilidades a quienes se lo hemos confiados.
De usted, de mi depende, y del vecino también.
 

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