jueves, 14 de marzo de 2013

¿Sería el mono el rey de la creación?

Por: Antonio Domínguez
Estoy en la racha de dejarme llevar por la ironía ¡y vaya! Hasta que llegue algo más serio nunca viene mal, porque cuando termina, por yuxtaposición y confrontación confiere; le da más seriedad a lo que venimos “pelando” (se trata de retroceder para dominar la perspectiva). El hombre debe rebajarse humilde a la acción existencial del chimpancé y a la ejemplaridad de su sociedad; donde el que cumple es despiojado por su compañero más cercano; donde es un compromiso común de todas las monas sacar las crías adelante; donde el peligro para el individuo se convierte en alta preocupación para sus congéneres; donde no hay quince árboles para uno y ninguno para otro; donde no hay diferenciaciones por corbatas, Mercedes o títulos; donde un individuo si no quiere ir al cielo no le costará la vida o su puesto de trabajo por el que se empeña a toda costa en ´´elevarle´´, (en algunos países que, como los Mayas, no les falta sino arrancarle el corazón a pobres criaturas para regocijo de los dioses). Donde no hay ablaciones. Donde no hay lapidaciones. Donde no hay gula de enero a enero, como la tienen que soportar mil millones de personas sin tener que llevarse a la boca. Donde la ley (la más o la única perfecta) es la de la selva, porque ahí se respeta el territorio, la meada y los destrozos con garras en las cortezas ¡a ver quien es el macho!

Prevalece la jerarquía y la fuerza dentro del grupo territorial ¡porque está para prevalecer por su ser material natural amén! que se ejerce por merecimientos consentidos por el resto del grupo; que cuando no se consienten porque se pasa el individuo, es arrojado por la fuerza conjunta que es capaz de ejercer el resto de los individuos. Donde la necesidad de acorralar animales en las copas de los árboles, instinto tan fuertemente arraigado en los primates, se sacia en una cacería necesaria, dando grandes gritos y aullidos; al terminar, quedan todos satisfechos; el que come doblemente y el que no come también, por el gran relax que experimenta con sólo quince o veinte minutos la cabeza únicamente puesta en la matanza, en ese estado de enajenación y violencia que tan bien viene a los primates.

Mucho peor es lo nuestro, ahora que preparamos guerrilleros, ejércitos y mercenarios apriorísticamente para la guerra. En este sistema-cachondeo va un hombre a una guerra y mata a mil personas o más; si esta en un nido de ametralladoras puede matar miles personas en el transcurso de una guerra; si esta en un cañón lo mismo; si esta manejando un avión, miremos; si lanza un armamento nuclear vale más no ver lo que hizo un solo hombre ahí en Hiroshima y Nagasaki. En efecto, todos estos que han matado a tantas personas no les da ni la más mínima depresión ¡nada!, tienen un carácter fuerte, un carácter formado ahí, yo no se si es por el olor de la pólvora, yo no se en que irá, pero es que los he conocido yo de estas mimbres, gente que fueron al desembarco de Normandía, y les observo unos rozones, una plenitud y unos andares que asombran a cualquiera. Mercenarios que he conocido y dicen que han estado luchando, no dicen que han estado guerreando y matando, ellos le llaman ´´luchar´´ y cobrando dinero por matar gente ¡y que no se deprimen! Bueno, esto es lógico, porque la religión que les sea pertinente les exime. Les hacen arengas de campaña, les hacen creer que están matando en Pro de las leyes de sus dioses, causas nobles, en fin, el soldado mercenario es lo que es y el que no es mercenario también echa a volar plomo que es un deleite. De buenas a primeras se invade un país, se asesinan mil o dos mil personas diarias, lo que haga falta, se comenta en la prensa y medios de todo tipo, y las personas lo ven como algo absolutamente normal, como una cosa lógica que así debe ser, sin embargo se asombran, se les desala el corazón, cuando les gusta una mujer y se han manipulado; y cuando lo cuentan en secreto y se les dice que eso no vuelva a suceder más y tal, quedan compungidos y acogotados, con la cabeza hundida; hasta que naturaleza vuelve y eleva y no quede más remedio que bajar de esa expeditiva sola manera. Eso es así, alegre o lamentablemente.

En fin, ¿sería el mono el rey de la creación porque no ha ofrecido jamás la vida de sus semejantes a los dioses y no ha tirado nunca cabras de los campanarios? Creo que comparando la sociedad de los monos con la de los hombres, gana la de los monos no por magnífica ciencia, pero sí por magnificencia. Lo más fastidioso de la sociedad de los monos, es el masculino dominante, que no le deja a nadie moverse, en tanto que es más fuerte.

En eso y en todo lo que sea iniquidad, ventajismo e hipocresía les ganamos nosotros. Aunque liquidamos a las mujeres por quítame allá esas pajas, o cualquier cosa, las eliminamos (en los monos no se conocen barbaridades de ese jaez; porque bárbaros no han sido los monos, sino los hombres de la Europa fría). A pesar que no hemos avanzado en esto del sexo, puesto en el tabú y el pecado, tenemos el raciocinio, el arte del disimulo, podemos pensar (saber), sabemos a la hora que llega la mujer; sabemos como mentir a la mujer; suplantamos con mentiras, premeditadamente, los lugares donde hemos estado copulando, copulando y copulando. Puede que la mujer no se entere nunca y viceversa, esta situación no es privativa de género alguno, por lo único que pudiéramos enseñar a los monos es a mentir en todos los aspectos, pero mucho más en la irracional y estúpida postura en lo tocante al sexo, estropeado y deforme como concepto, por hechiceros, chamanes, imanes y todo dirigente en el asunto, que en su capacidad infecciosa tienen absolutamente todos los conceptos calados de su mal, ¡claro! Mucho más este que ahora nos ocupa.

Los monos no conocen de argucias; conocen de naturaleza. Por eso esta el varón que lo único que pretende es dominar la fecundación in el bosque; es natural, la vida que es. Hay momentos que se debiera disputar el aire, como todo se disputa en la naturaleza yendo la vida en ello... Los monos no van al juzgado a disputarse un árbol. Los hombres van al juzgado a pelear abusos, es categórico que uno o unos no tienen la razón. El fuerte instinto del hombre por desaparecer al enemigo queda secuestrado por otros, con sus cárceles, quitando rápidamente de delante del dañado al dañador. En aspectos de justicia el hombre esta asistido a pensión completa con unos alimentos nada naturales ni saludables.

Entre la justicia que encierra y pone inalcanzable al reo, que en situación natural había de ser finado por el damnificado, y los estigmas religiosos, tienen su razón de ser un montón de enfermedades, humillaciones y hasta suicidios. Aún pasando por los verdaderos ahogos sexuales de los monos, no nos quepa la menor duda que a la sociedad le interesa retroceder a empezar de nuevo. No puede seguir avanzando sociológicamente hablando. Como la cultura no se puede cambiar para empezar de cero porque al sol casi no le quedaría luz que llegara a tiempo de alumbrar otra realidad, ha de revolverse a resolver. Bien, por la realidad que quiera que sea se ha de cambiar radicalmente de sistema. Que tendrá exactamente la misma posibilidad de salir mejor o peor. Lo grandioso es sólo intentarlo porque sabemos que nunca será en absoluto bueno ni malo. El hombre no conoce (el hombre como humanidad) nada que se sitúe al 100% en uno de los dos extremos.

El mono no sabe leer. El que lea esto es un hombre. Espero que le sirva para bajarle los humos. Ojalá y yo tuviera el cerebro del mono para saber exacto la estupidez del humano; ¡chiflado! con las telecomunicaciones, con la informática, “literatura” sudamericana, creencias, etc.

Considero un exceso decir que el hombre viene del mono cuando es el mono el más adelantado; el que puede venir del hombre. Nunca un mono hace puenting ni se tira en paracaídas, ni se tunea para echase a correr en una trans, ni se lanza en bicicleta por veredas en abismos montaña abajo si no es absolutamente necesario. Ningún mono contará a otro los secretos más caros al corazón para por ese camino parase ante el gran mono de tú a tú y reclamarle. Porque no tiene cerebro de alfiler para hacer valer imagen y semejanza en el reino y así pretender tomar el mando de los temporales (el gran problema es el hombre ¡¡donde quiera que esté!!).

Por último a los monos ni se les ocurre un San Fermín; ¡esos callejones! “esas pistas de hielo donde patinan vacas y gente” (el mono sabe que una vaca pesa mil y pico kilos y que él pesa cuarenta y contempla la posibilidad de ser aplastado). Donde mueren hijos que dejan a padres viejos y enfermos con la corbata negra para los tres miserables días que les quedan llorando el maldito invento.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El texto parece grande y lo es en el contenido y la sabiduría que de el se desprende. Antonio es un filosofo de la escuela de José Bolaños el maestro de su época dicho de paso un personaje nuestro y de lo nuestro que merece roturarle una de” nuestras pocas calles “Antonio es el que mas ha leído en Tamaraceite y en filosofo nato mas profundo que se da por la zona. Volviendo al texto tiene tanto dentro y parece un resumen por tanto subtema que se toca de pasada.

Sergio Naranjo dijo...

El artículo abarca desde una idea inicial hasta muchos enfoques de la propia vida humana. Ésta es en sí compleja, en ello nos diferenciamos del mono, que vive de manera simple.
En el texto se sugiere que no hay por dónde aceptar la vida humana: Ni por religión, ni por creencias, ni por gustos literarios, ni por ganas de diversión, ni por relaciones con otros seres humanos...
Al final, si uno da la razón una por una a todas las opiniones expresadas de principio a fin, la única solución es que vivir no merece la pena.
Y quién sabe, hasta tiene razón.

Anónimo dijo...

Respetado anónimo hasta el punto que usted respeta, pero no sé si le podría corresponder con el cariño y aprecio que me demuestra; por no saber, que siempre precederá un imposible maniobrar. La vida de los elegidos es bastante más llevadera que la de los no afortunados como yo, hambrientos de cálidas opiniones. Son muy lindas sus palabras y no seré yo quien las eche a perder diciendo que no las merezco. Estoy encantado en este secano de comentarios, de que me llamen el filósofo nato más grande de Tamaraceite; que yo, aunque soy el más chico, con la natalidad y ser el nato más pequeño me conformo. Tomo a mucha consideración que se haya acordado de Don José Bolaños y el que me vincule a aquel hombre de dos metros y a su cerebro fuera de todo fuero de pensamientos de pacotilla. Me envanece y hace hasta que me lo crea. Se lo agradezco mucho; usted si que es un hombre/mujer caro más allá de lo humano, porque tiene facultad para hacer feliz a otros. A mi me han dado felicidad sus -para mí tan necesarias- palabras. GRACIAS.

Antonio Domínguez Herrera.

Anónimo dijo...

Antes del principio se ideó una ironía que al comienzo se expresó. Se trata de una fábula muy especial, que en ella, uno de los animales habla de verdad. A pesar que su carácter instructivo figure en todo el texto y no en moraleja final. De simbolismo tiene y trata de asentarse en lo real su procedimiento; aunque sea un contrasentido con lo fabulesco, no hay otra forma de explicarlo. Ya Aristóteles decía de la fábula argumental como uno de los seis elementos que forman la tragedia; que a mí me la inspira el mundo actual. Personifico al mono y le atribuyo propiedades y realidades del mundo racional ya que los humanos somos incapaces de mantener su higiene en total asepsia y liberado del error.
Quevedo cuestionó la verdad y la mentira. La circunscribió al color de un cristal. Es verdad, con los pobres cristales que a mí me han tocado, considero niño de teta a San Agustín; comparado a Espronceda conforme a intelecto, talento y saber etc. A Alfonsito (al que también le llamaban “revólver”) un filósofo de aquí del chocerío Tamaraceitero le oí cosas para la cuita del vivir, de muchísima más envergadura que las de Santo Tomás. Por tanto admirado Sergio corrobora otra vez como por esta psicología se resopla. Creí que la forma más adecuada de explicar lo que contiene la opinión que nos ocupa es señalar donde tengo plantada mi bandera para hacerme comprender rápidamente en lo que creo, y no, que viene a ser lo que soy, y no. Aprovecho aclarando extremos por ti conocidos, para “ilustración” de usuarios de la página y sacarles de su muy probable estado grogui. Gracias Sergio. No puedo seguir. No me lo admite el límite de un comentario.

Antonio Domínguez