martes, 18 de junio de 2013

Valorar lo que tienen los demás y lo que tenemos nosotros

Por: Luis C. García Correa y Gómez
Quizá sea frecuente que valoremos, positiva o negativamente, aquello que tienen los demás y no hagamos lo mismo con lo nuestro.
Ejemplo: ¿Qué cosa le envidio a esa señora? ¿Qué le envidio a don mengano tal otra? Le envidio su coche, su casa, su ingenio, su forma de ser etc.
¡Si yo tuviera tal cosa, otro gallo cantaría! ¡Si yo tuviera! ¡Si yo tuviera! Y ¿Cuántas cosas  tienes? Y ¿Cuánto te sobra de aquello o de lo otro?
Salvo los que realmente tienen problemas, los demás somos unos afortunados, y dentro de esos afortunados los hay pasotas, individualistas y mentirosos, que es una forma de infortunio en esta grave crisis de valores.
Pero normalmente disculpamos a aquellos que han pasado por lo que nosotros hemos pasado.
Igualmente se suele exigir a otros diciéndoles ¿si hubieras pasado lo que yo he pasado? Verías las cosas de otra forma.
¿Cuántas y qué cosas nos sobran y cuáles nos faltan?
¿Qué importante es la educación recibida? Lo es para todo.
Sin olvidar que se pueden tener tres carreras universitarias, y ser un mal educado. Se podrá tener una gran información pero no le ha calado la formación o educación en valores morales o religiosos.
¿En qué aspectos valoramos a los amigos? Y ¿En qué aspectos valoramos al vecino, al compañero, a los que les decimos que le queremos, a los que nos rodean...?
Una de las formas de repartir felicidad está en reconocer esa valoración; porque a ellos les produce un estímulo para seguir haciendo el bien.
Una de las grandes satisfacciones humanas es el reconocer las virtudes de los demás, las de mi vecino, las de mi compañero, las del que está junto a mí. El reconocimiento por  mí de las virtudes de los demás produce en ellos una satisfacción que les anima a seguir siendo mejores. Y esa satisfacción les fortalece para seguir tratando de mejorar y aumenta su felicidad y la nuestra, al ver que la bondad se establece a nuestro  alrededor y todos participamos de ella y somos más felices.
La triste envidia es, desde Caín, uno de los males bíblicos que enerva al que la tiene y termina haciendo daño al envidiado.
La envidia es una tendencia contra la  que debemos luchar para erradicarla, y en la medida que luchamos, en esa misma medida, nos fortalecemos y ampliamos la felicidad
Uno de los grandes logros de la felicidad es no es tanto no tener sino no desear: No está en tener sino en no desear.
El desprendimiento es algo que deberíamos practicarlo y fortalecerlo desde niños, para que de mayores sea un acto reflejo.
Más que ver lo que tienen los demás y a nosotros nos falta, miremos y apreciamos lo mucho que tenemos, todos, conformémonos con lo que tenemos y estemos alegres y felices con lo que tenemos, y repartamos esa felicidad con lo que aumentamos la nuestra, y así hasta que esta actitud llegue a muchos.
Por supuesto, es fácil hablar, pero el hablar de cosas buenas también compromete; eso es lo que nos pasa a los que hablamos por la radio que lo que decimos nos compromete pues luego tenemos que vivir aquello de lo que hablamos para ser consecuentes.
Pero esto no es sólo para mí; todos, hablemos o no en la radio, creyentes o no, estamos comprometidos desde que nacimos, y, ahora, con la tranquilidad del que escucha y con la conciencia clara, valoremos lo que tenemos y demos gracias a Padre Dios y la Santísima Virgen del Pino por todos los beneficios que hemos recibido y por todo lo que tenemos.
Valoremos lo que tenemos, así fortaleceremos nuestra veracidad, y con ella ayudaremos a los demás también busquen cuál es la verdad de su vida y eso les llevará a ser más felices.
Preguntémonos: ¿qué es lo que valoramos en nuestra vida y la vida de los demás y cómo podemos hacer las cosas, para no ser envidiosos, no mentir y ayudar y dar optimismo a los demás?

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