martes, 26 de febrero de 2013

¡Loa a la Juventud! Creo ciegamente en ella.


Por: Luis C. García Correa y Gómez
Viene, ya ha llegado una juventud esplendorosa.

Cree, vive y entiende la solidaridad auténtica.

Han aprendido que, cuando lo bueno se utiliza por intereses de partido, la realidad se distorsiona y queda gravemente perturbada.

Para amar no se necesita ideología alguna. Sólo hace falta desearlo y vivirlo.

Lo saben y lo practican.

La juventud genera una inercia positiva – que tanto esperábamos, deseábamos y necesitábamos – que desplazará al mal.

Es inquieta, sabia y amorosamente participativa.

Camina segura y firme. Ocupa los puestos que los mayores teníamos copados inútilmente, y que ellos han recuperado para darles la belleza de la frescura, de la ilusión y de la esperanza.

Me emociona hablar de todo esto.

Veo y siento que se acerca ese mundo mejor por el que tanto hemos luchado (y seguimos , y seguiremos haciéndolo).

El pasota y el individualista -lastres pesadísimos que están paralizando el progreso material y espiritual del hombre, y son los grandes aliados del poder perverso- son hoy especies en vía de extinción.

Podemos hablar de un futuro mejor. De un futuro lleno de esperanza e ilusión en el que todos seamos libres y, por tanto, felices.

Estos jóvenes comparten el trabajo e ilusiones, suman y no restan, dirigen y no se arredran ante la adversidad. Caminan seguros hacia ese futuro de esplendor que nos merecemos, y para el que hemos nacido.

¡Maldito quien entorpezca el caminar de esta juventud!

¡Condena, y a perpetuidad, para quien ose parar este proceso de recuperar y vivir valores éticos y religiosos!

Bendigamos a quienes cooperen y ayuden a este maravilloso impulso creador del bien, apoyándolo y ayudándolo para que sea arrollador. Para que elimine al mal.

Padre Dios: gracias por tus infinitas formas de ayudarnos. Ahora lo haces con estos jóvenes. Gracias por haberme permitido tener la felicidad de vivir este esperanzado caminar hacia una realidad de felicidad y libertad, de ese mundo mejor que nos merecemos.

A ese mundo de paz, trabajo, honradez, participación, felicidad y libertad.

Aquí nos tienes, agradeciéndote el bien que nos haces en estos maravillosos jóvenes.

Tu siervo espera tu venida con mi partida.

Aquí estoy esperándote, rezando y rogando tu perdón y misericordia, y que no olvides a esta maravillosa generación de jóvenes que serán los que te amarán a ti y a su prójimo como a ellos mismos. Ya lo hacen, ayúdales a que perseveren.

¿Qué puedo pedir? ¿Y qué más puedo desear? Sólo esperarte y dar gracias.



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