domingo, 31 de marzo de 2013

El barrio grancanario de San Lorenzo


LUIS ROCA. El País. El '¡blam!' que el niño oía en el aula del colegio provenía de más allá de las fincas de plataneras, justo del otro lado del valle, de la cantera de San Lorenzo, último exponente –en declive– de las minas que durante siglos han horadado a golpe de barreno las montañas de esta zona de Gran Canaria. San Lorenzo es otro mundo. Nada que ver con la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria a la que pertenece. 
Una visita al barrio debe hacerse en domingo para coincidir con su mercado, el único agrícola de la capital. En coche los doce kilómetros de distancia no superan los diez minutos. Lo recomendable es tomar la circunvalación (GC-3) en dirección a Teror y desviarse por la GC-308. La sinuosa carretera que nos lleva al barrio pasa junto a un peculiar conjunto de 28 estanques construidos desde el siglo XVII para almacenar agua de riego. Son las charcas de San Lorenzo, una de las principales construcciones hidráulicas históricas de la isla. Un entorno de máximo interés ornitológico por la variedad de aves que transitan por ellas. Si la opción es transporte público hay que coger la guagua 335 de la compañía Global desde la estación del parque San Telmo. Sale cada hora a las y cinco, también los domingos. En 30 minutos llegaremos.
El mercado de San Lorenzo abre de 8 a 14 horas todos los domingos. Hay que llegar temprano. Suele copar su aforo de 7.000 visitantes en 1.500 metros cuadrados. En su treintena de puestos se pueden encontrar frutas y verduras de temporada de esta y otras zonas de la isla, queso, miel, semillas y planta aromáticas o todo tipo de panes. Por ejemplo, papas 'del ojo dorado', calabaza boba, ciruelas del país, berenjena blanca, tunos indios y batatas de huevo.
Tras la compra nos acercamos a la plaza. Son dos minutos a pie. Pasamos junto albazar Murillo, donde si hay hambre podremos pedirnos un bocadillo con el típico pan 'grande'. Lo podremos degustar muy cerca, frente a la terraza que hay delante de laiglesia, construida en el siglo XVII. Enfrente, la misma casa de dos plantas que hoy es vivienda particular fue el antiguo ayuntamiento. “Te mataré / con una sobredosis de ternura” canta un limpiacoches con un vozarrón que traspasa las manzanas del casco viejo del pueblo. Nosotros recorremos las callejuelas buscando el edificio de losantiguos juzgados. Es domingo y muchas casas de las terreras tienen las puertas abiertas de par en par.
Venimos con hambre de campo. Queremos más. Así que decidimos escalar las cumbres de la capital. En coche nos desviamos por la calle La Paz, que es el punto de partida de la carretera vecinal de La Milagrosa (C-381). La cuesta es pronunciada. Ascendemos 400 metros en solo cinco kilómetros de trayecto y seis minutos entre losbarrancos de El Acebuchal y El Pintor. Pasamos de largo por La Milagrosa, adonde volveremos para almorzar. Antes exploraremos los límites más altos del municipio de Las Palmas de Gran Canaria, a 610 metros en lo alto de la caldera volcánica de Pino Santo, paisaje protegido. Vale la pena bajarse del coche para admirar las vistas de la urbe, muy a lo lejos. El día está claro. Mirando al este, la isla de Fuerteventura parece un lagarto gigante tumbado al sol sobre el horizonte.
De vuelta, el bar La Milagrosa, 20 años de vida y cuatro en manos de sus actuales dueños, ofrece una relación calidad precio insuperable. Mejor llegar antes de la una. Se llena. Por diez euros por persona conoceremos su exquisita tortilla de papas, de las mejores de la isla. O su clásico papas, queso y mojo, es decir, papas hervidas con queso tierno y supremo mojo rojo casero. O sus deliciosas albóndigas caseras, su inapelable cochino frito. O su acompañamiento, que son caballas de lata servidas con ensalada. O todo a la vez. Estaremos fantásticamente atendidos. Para finalizar esta incursión en las cumbres de la capital nos queda tomar, ahora sí, la decisión más difícil. ¿Demoledor polvito canario o finísima tarta de piña? Si vivimos en el centro de la capital, la vuelta a casa en coche no nos llevará más de quince minutos.
Pocos en Gran Canaria conocen que a San Lorenzo pertenecieron siglos atrás dos de los parajes más codiciados de la isla, la playa de Las Canteras y la Isleta. La mayoría tampoco sabe que algunas personas de aquí buscan todavía los cadáveres de sus familiares asesinados en la Guerra Civil. Fue en 1937 tras el golpe de estado de Franco. Tras un tiempo en la cárcel, el acalde comunista y cuatro concejales fueron ejecutados. Son los fusilados de San Lorenzo. Y también fue entonces cuando este núcleo de población perdió su condición de municipio independiente y fue anexionado a Las Palmas de Gran Canaria.

1 comentario:

Sergio Naranjo dijo...

La Milagrosa y sus alrededores.
Mi vida, mi origen, y espero, mi reposo para siempre...