jueves, 4 de abril de 2013

Caminante tú sabes. Que sí hay camino, de hecho le estás transitando.

Por: Antonio Domínguez

A contratiempo dice el periodista Juan Cruz, que dijo Julio Cortázar, que la mejor manera de desplazarse es caminando. Como siempre, caminando. Y acierta Julio, según Juan; pero le confieren virtud a aquello de: “se hace camino al andar” y esto es mentira, poética, sí, claro!
No se hace deporte. Está ya inventado y con sus reglas hechas: se juega al futbol o se trabaja en el futbol. No se hace dieta: ¡se está a dieta! No se hace teatro por lo mismo (porque ya fue hecho el edificio y escrita la obra que solo se puede interpretar). Cuando se camina no se hace camino (que se hacen a pico y pala) ¡se transita un camino! No se hace deporte echándose a correr, que para lo único que sirve es para HUIR y tampoco  SE HACE ¡se improvisa “la carrera” en la plena perentoriedad imprevista, que es la madre de toda prisa  reventante! En fin…
Imposible el caminante sin camino. Imposible un habitante sin mundo. Imposible hacer un camino andando sin primero haberlo expeditado de obstáculos o tropiezos insalvables. A la acción de caminar corresponde también el camino que se holla con el pie, que él mismo en milenios, centenios, décadas ha señalado. Con ello surge la desunión de la unión de un principio establecido; a estudiar y modernizar. Por lo tanto a separar la acción y su “escenario”: la cuestión subjetiva y objetiva.
Cuando se camina por caminos, sobre todo los que tienen “su lugar” y su realidad ancestral, o desde los ancestros, en el mundo (rutas) no se hace camino al andar puesto que “ya está hecho; por ello es mentira absurda dar distinta connotación cuando solo se trata de transitar un camino, “no metafísico”, y ya sabemos hasta donde se ha arrinconado la metafísica por los verdaderos intelectuales de nuestro tiempo; por lo que se la considera pueril, atemporal, intangible, y hasta ininteligible el salirse del pragmatismo fí-si-co inexorable de aplastantes, insustituibles empírias, que ya para bien humano dominan e impregnan toda ciencia,- liberadoras de la mente humana- del ridículo noúmeno y de “piruetas” mentales más allá de los sentidos, en majadera maniobra. Ya está anticuado construir metáforas que vayan un centímetro más allá de la re-a-li-dad y de nuestros sentidos. La materialidad ya tiene el valor (por conocimiento) de burlarse del ridículo fantasma de la eternidad, y dice: ¡¡nada de ensoñaciones!!
A la palabra metafísica auguro el porvenir de la propia mentira; desaparecerá en el tiempo que tarde el hombre en convencerse que es absolutamente material, físico y “desalmado”.
En el mismo orden cuando el hombre abandona el camino -físicamente hablando- eso se llama incurrir por sendas desconocidas que conocerá en sus “llegadas” a donde le han llevado, cuando se llega, ¡claro! Tampoco en ellas “se hace camino al andar“. Los caminos los hacen miles de millones de hombres en fila en el tiempo echando por los mismos sitios, con además del transcurso de mucho tiempo, resultado: mentiroso Machado, mentiroso Cortázar e ingenuo Cruz. Por mas que confundir, tratar de colar, los destinos; que no tienen huella (sí tienen memoria de lo pasado), con los caminos, que no hay uno solo que no esté hollado, si no está desaparecido.
No se puede mezclar destinos con caminos. Los destinos se orientan en el inicio de los sinos y a ellos hay que saber llegar; o que no se te impida la llegada… suponiendo que te dejen iniciar la partida o… esto de los sinos es jodido porque se puede llegar por cien sitios a Tenoya contando veredas y todo.
Este pequeño comentario se ha construido desde el punto de vista empírico-experiencial para que sea comprendido por los más, pero, si usted quiere “tirar el cucharón al fondo del barreño“, verá vertida “en su plato, una comida”, que forzando mucho la memoria le dará la sensación de no haberla probado nunca, y por otra “razón” (su razón) estoy bastante seguro, rehusará y desaprobará. Por sus saberes, ni yo ni absolutamente nadie podrá hacer nada (se pegan a los cerebros como la lapa a la piedra: se lo digo porque “veo“  lo que me ocurre por dentro). De ahí la práctica inutilidad de escribir.-Si no fuera por entretenerse y combatir el hastío, enemigo cumbre de esta sociedad que pronto se jubila ¡como sociedad!: asociación de socios, no inasociados, pero, sí inasociables, incluso en el mismo acto-intento de asociarse.
Antonio Domínguez

6 comentarios:

Anónimo dijo...

"Todos estamos un poco locos,pero el hombre que analiza su locura se llama Filosofo"
Con todo mi cariño para mi Maestro.
J,M CALDERIN

Anónimo dijo...

Te distingue Calderín (que para mí,- lo sabes-, siempre has sido algo más grande: Calderón o Calderazo) de los demás, a la legua, pronunciarte ante lo peliagudo de las raras, inopinadas, inesperadas; sorpresivas opiniones. A otros, les intimida la probabilidad muy probable de que haya amplia humanidad con aversión a la atrevida idea y se abstienen saludablemente en el caparazón. Está muy feo lo que hago yo (hay que reconocerlo): burlarme ninguneando a los “grandes hombres” a quienes han dado autorización las huestes judeo… y demás. Están en aquello de: lo dijo Descartes, lo dijo Kant, lo dijo Platón, Aristóteles etc. Ni se nombran los empiristas ingleses. Postergan al más grande educador Nietzsche, y al más grande maestro Schopenhauer, al Russell único… Por eso uso ya la palabra que aquí no puede faltar: agradecimiento; por tu valentía al tratar cariñosamente ideas despreciadas; rubricándolas tú, además, con el arrojo desnudo de llamarme tu maestro. Tú sí que tienes rozones Calderín: los que solo da el conocimiento neto del fragor de la vida en todos sus secretos y rarezas, el sufrir y “el llorar”.
El reconocimiento público que me haces, con él me honras, habida cuenta de mi postergamiento y por la soledad de mis opiniones (repudiadas lo sé y no me quejo, porque a saber donde está la laxitud). Son palabras como las tuyas comprometidas y que no se pueden cambiar en caso de apuro a otra significación de la que tienen, lo que valoro de,- dicho sea otra vez-, tu atrevimiento. Gracias querido amigo, pero, muchísimo más mi queridísimo no enemigo.

Antonio Domínguez.

Anónimo dijo...

Esta contestación de comentario esta llena de sabiduría de ingenio y de buen gusto en el manejo de las palabras

Sergio Naranjo dijo...

A mí me parece bien que opines, Antonio. Si después estaré o no de acuerdo con las cosas que dices es otra cosa: se llama discrepancia, pero también se llama respeto. Yo creo que hoy en día es ese respeto el que falla, de ahí el fracaso de esta sociedad.
Hablar de discrepancia significa hablar; discrepar para ofender significa ladrar.
Aunque con Schopennhauer sí podríamos estar de acuerdo.
Me alegro de leerte, Antonio. Saludos.

Anónimo dijo...

Admirado Sergio, permite por nuestra amistad, que junto al agasajo que para ti, estoy seguro, constituye mi respuesta, dé una explicación general.
Cada vez constato mas que se está formando una nueva realidad y una época se ha hecho vieja (de ahí mis opiniones fuera de orden, al que considero un invento) es por lo que tengo a bastante altura la saludable discrepancia; la mía y la de todos igualmente.
Comprendo que propuestas para remover lo establecido, adoctrinado, calado hasta los huesos, sean muy atractivas para mí y así las siento. Pero el asunto no funciona si no va acompañado de un proceso intelectual que abarque la totalidad y la universalidad que yo no puedo abrazar. Propuestas separadas en artículos escritos y su limitación no tienen sentido porque solo el espíritu de unidad en que deberían hacerse y realizarse les proporcionaría su sentido.
Redactado rápidamente y sin elaboración que por lo demás no admite el cortísimo espacio, te agradezco la atenta cortesía de dedicar tiempo a mis opiniones, no solo para leerlas sino además comentarlas; que como ves te correspondo en toda la cabida de este espacio (que admite bastantes flashs pero en las cortedades y concisiones en puntos y apartes; sin matizaciones ¡y es lo peor!). No obstante me he sentido primero que nada alagado. GRACIAS mi admirado Sergio.

Antonio Domínguez.

Anónimo dijo...

Es una intriga para mí (y necesito conocer) su forma facial morfológica. Ya hasta me desazona la biológica orgánica que solo pudiera intuir. Por ello le invito a tomar café. Por lo bien que me trata tengo la confianza en usted de un seguro no enemigo/a. Doy permiso a la página a que le dé mi dirección. En cuanto a mi sabiduría, ingenio y conocimientos literarios mucho más allá de los títulos que en mi caso son ningunos, yo, no soy nadie para contrariar su opinión. ¡Tiene razón señor/a!

Antonio Domínguez.