viernes, 5 de abril de 2013

La Familia y la Soledad


Por: Luis C. García Correa y Gómez
La familia es tan importante que gracias a ella hemos nacido usted, yo y todos. No tener familia es un gravísimo problema y una enorme desgracia.
 No hay nación si no existe la familia.
 No hay paz, y menos social, si no existe la familia.
 Y no hay felicidad si no existe la familia.
 La familia no se improvisa, se crea cuando hay razones para ello.
La familia no se forma espontáneamente, se necesitan unos conocimientos adquiridos desde niños.
 No existe un comportamiento familiar cuando los padres no son lo que deberían ser.
 No hay disculpas para que los padres, a conciencia, dejen de ser lo que tienen que ser, ya sea porque ambos trabajan, o por cualquier otra razón que desestructure la familia.
La sociedad tiene que buscar la solución a estos graves problemas que hoy padece la familia. Usted y yo, todos estamos involucrados. La solución no sólo depende del vecino, también depende de mí.
La sociedad tiene que buscar los cauces necesarios para que los padres sean lo que son.
¿Saben que ya no sólo hay mayores en soledad, es decir, que se sienten solos? Hoy hay jóvenes que se sienten solos, que también sienten la soledad. Cuando hay una juventud maravillosa.
Los problemas de la familia han ido aumentando de forma peligrosa. Y esto nos afecta a todos, en especial a los jóvenes.
No van a estar solos los mayores, ahora ya lo están los no tan mayores, los jóvenes, y esto es mucho peor, peligroso y triste.
Le estamos sumando muchos problemas y amargura a la vida, y dejándoselas a las nuevas generaciones. ¿Y en cuánto al medio ambiente?
 Ya no sólo no tienen trabajo los jóvenes, ahora los dejamos solos.
 Y la única compañía sincera, segura y necesaria es la familia.
 Los padres, los abuelos, los tíos y los primos, todos constituimos la familia.     
Pero para ello tiene que existir el cimiento de unos padres que pueden y actúan como tales, que están en todos los momentos decisivos de sus vidas, que no son solo los de las comidas: son los de los estudios, el cuidado de saber con qué amigos están, el cuidado de la notas, el corregirles en la mesa, en darles valores que sean el cimiento de sus vidas, y que puedan decir ¡qué padres he tenido! ¡Han vivido para nosotros!
Esto que acabo de decir era la normal.
No creo que épocas pasadas fueron mejores.
Creo que las sociedades, como los seres humanos, enferman.
 La cura la tenemos fácil, de nosotros depende.
Y ahora que el problema se ha ido agravado tenemos que buscarle soluciones, que las hay.
La familia está atacada por muchos flancos: no se protege la vida, los hijos se crían solos, los profesores no son respetados, no se controla el desmadre, la agresividad es normal,  algunos tienen lujos sin saber el esfuerzo y trabajos de sus padres para dárselo etc. etc.
Creo que algunos padres no les están dando y enseñando valores éticos o religiosos.
Todos, sin dejar uno, estamos obligados a contribuir a restablecer los cimientos y las vivencias del valor incalculable de la familia.
Tenemos que tener la conciencia clara del daño que se está causando no sólo a la sociedad sino a personas en concreto, y en especial a niños y jóvenes.
Tenemos que ser conscientes del daño personal, social, nacional y mundial que se está creando con la destrucción de la familia.
¿Qué les estamos dejando?
 Creo, sinceramente, que todos tenemos que preguntarnos:
¿Qué estoy haciendo por la familia, y qué les estoy dejando a mis hijos?
Y a esas preguntas, esas o tales respuestas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Siempre había pensado que la familia era lo único que realmente teniamos, y que había que cuidarla. Pero ultimamente estoy desencantado de ella, estoy cansado de ser el tonto de la familia y de agachar la cabeza, para que ésta no se divida.