martes, 2 de abril de 2013

Las incongruencias

Por: Luis C. García Correa y Gómez

El mundo camina hacia un desastre real, no se pone coto y se sigue la contaminación y destrucción de forma exponencial.
Hace 60 años -ayer- pregonábamos los problemas del medio ambiente y de la Naturaleza -por ser nuestro medio natural- y los efectos destructores de la humanidad eran minúsculos comparados con los de ahora.
Ahora hasta los niños conocen y comentan los efectos destructores de la contaminación y destrucción, y se hace en cantidad exponencial, arrasando en todos los sentidos.
Ciudades costeras desaparecerán. Habrá sequias e inundaciones. Ya los huracanes tienen una fuerza inusitada. Que se lo pregunten a los Estados Unidos.
Soy de los que creo que contaminar crea unas "bajas presiones" que "atraen y aceleran" los malos tiempos. Y cada día peor. ¿Es o no incongruente?
Aún en las zonas rurales todo el mundo se conoce, se saluda y son solidarios.
En las ciudades, a mayor número de personas, mayor es la desconexión entre ellos. Vecinos puerta con puerta no sólo no se saludan ni se conocen, puede que hasta se consideren enemigos. La gran incongruencia: a mayor concentración urbana, mayor es la desconexión. Incomprensible, cuando debía ser todo lo contrario.
Los humanos nos llamamos racionales, y a los animales les llamamos irracionales ¿Quiénes se comportan de una forma y quienes de otra? La gran incongruencia.
Hay grupos humanos que son maleducados, violentos, corruptos, pasotas e individualistas. Se hacen notar, desgraciadamente, unos por activa y otros por pasiva. Les da vergüenza dar las gracias. Vuelven la cara para no saludar. En el tráfico no dejan paso, insultan, son agresivos y sumamente maleducados.
¿No es una incongruencia que hoy con técnicas y progresos inimaginables haya ese grupo insolidario y maleducado?
Afortunadamente, viene una generación, de los 30 hacia abajo, maravillosa. Son educados, solidarios, honestos y participativos. De ellos esperamos ese mundo mejor que nos merecemos, dejar de ser esclavos del poder perverso,  y ser libres.
Pero sigamos con las incongruencias.
He llegado a sentirme extraño y hosco en mi propia tierra, a causa de ese grupo notoriamente mal educado y agresivo.
Hay quien vuelve la cara para no saludar o quien no responde al saludo. Es como si les diese vergüenza ser educados.
Fui concejal en los años 70. Todos, sin excepción, éramos honestos, lo puedo asegurar. Trabajamos por los demás sin pedir nada a cambio. No existía la corrupción. Ahora no creo que sea necesario explicar el tema por su gravedad y notoriedad.
La corrupción es una lacra que nos está perjudicando gravemente, a parte del mal ejemplo, los daños materiales y sociales son incalculables.
Creo que hay ya demasiados temas para avergonzarnos de nuestro comportamiento personal y social.
Nunca es tarde si la dicha es buena.
Amo a mis conciudadanos y sigo creyendo en ellos. Pero sin una honesta participación no hay solución, y sin ella no hay felicidad ni libertad.
Creo y espero, ciegamente, en esa nueva generación que viene. Ellos nos redimirán y harán que el futuro sea mañana y que la felicidad y libertad vuelvan a ser plenas.
Que no haya incongruencias, y si surgiera alguna, desaparezca rápidamente, porque somos congruentes.

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